Danzan en la calle y crean una obra en tres partes

CULTURA TIJUANA

Melissa Sánchez (centro), de La Silla Danza Contemporánea durante un ensayo. David Maung
Melissa Sánchez (centro), de La Silla Danza Contemporánea durante un ensayo. David Maung

Tres mujeres en máscaras azules hacen de su cuerpo un instrumento.

Entre el público, una cuarta mujer se emociona y sigue con ellas cada acorde marcado con el preciso movimiento de sus músculos. Las del escenario son las integrantes del colectivo La Silla, una compañía de danza que acaba de ganar el concurso 4x4 organizado durante el marco de la muestra de danza más importante del Noroeste de México, Cuerpos en Transito.

El concurso, en su tercera edición, es un reto a la imaginación de bailarines y coreógrafos: una pieza ejecutada en un brevísimo espacio de apenas cuatro pies cúbicos, en el cual deben permanecer los bailarines la mayoría del tiempo.

El reto fue llevado al máximo con el trabajo titulado Hollki, de cuyo significado se niegan aún a hablar.

“Es parte de una investigación que estamos llevando a cabo, una exploración que como está en marcha, no podemos definir todavía”, explica Maribel Durazo, directora y coreógrafa del colectivo que conforma junto con las bailarinas Dania Barragán, Melissa Sánchez y Mariana Paredes.

En la puesta en escena, las mujeres se apropian del espacio con movimientos marcados, rítmicos, que hablan de fuerza y violencia, sin mostrar nunca el rostro. No hay trama, ni dramatización, ni personajes individuales.

“Usamos máscaras para que sea el cuerpo y no el gesto el que exprese la violencia de la pieza, no hay dramatización, ni historia sino pura emoción, con el cuerpo sin gesto reconocible”, explica Durazo.

“La tarima es como una bailarina más, no un escenario estático, sino que se incorpora como un elemento que está disponible a la manipulación de las bailarinas, que se puede mover, tocar, usar, darle la espalda o ponerlo vertical, pero el reto fue no olvidarlo del todo, no dejarlo fuera de los movimientos”, cuenta Melissa Sanchez, bailarina del colectivo.

En este trabajo, además, asumieron un reto extra, la creación de la pieza desde la colectividad: entre todas.

“El crearlo colectivamente fue una muestra de la madurez que hemos adquirido en 5 años juntas”, dice Melissa. “Porque claro que hubo desacuerdos, jaloneos, inconformidad, pero al final fue un trabajo rico de colaboración que ahora nos ha traído mucho reconocimiento, tiene aportaciones de todas y se nota”.

Hollki ganó el primer premio del concurso y desde entonces lo han ampliado a una presentación de 20 minutos, que ahora forma parte de la celebración del 125 aniversario de Tijuana, con una serie de presentaciones en la calle, que permiten a otros públicos acceder a esta forma de arte.

También se unió al grupo Valeria Rodríguez, una joven bailarina de 18 años que se confiesa a la vez nerviosa y emocionada ante esta oportunidad profesional.

“Es muy distinto el trabajo que se puede hacer con estas presentaciones en la calle, la gente se sorprende, se espera, rompe su cotidianidad, te toma fotos, se molesta, se queja, no sabe qué hacer y ésa es una manera de hacer que el trabajo sea aún más enriquecedor para la comunidad que habitamos”, dice Dania, riendo un poco al recordar las ocasiones en que la gente se disgusta por su trabajo o lo difícil que es tener a todo un camión lleno de gente, apuntando con el celular para grabarlas.

El reconocimiento a su trabajo y el triunfo en un concurso que a tres años se ha vuelto muy competitivo, habla de una escena dancística madura, que con escuelas como Lux Boreal, han dado frutos que se alejan de la propia tradición y buscan innovar y conquistar espacios.

Durazo explica que, hasta ahora, a los bailarines tijuanenses se les siguen abriendo más puertas en Estados Unidos que en el centro de su propio país, ya que sigue siendo más accesible presentase en Los Ángeles que en la Ciudad de México.

“Nos toca abrir puertas y acercarnos más a ellos, porque no van a venir por nosotros a reconocer nuestra labor, sino al contrario”, dice Durazo.

Luego de las presentaciones públicas que harán en calles de Tijuana y que incluyen la línea peatonal en San Ysidro, la iglesia Estrella del Mar, la Casa de la Cultura de la calle segunda y el Malecón de Playas de Tijuana, La Silla se va en agosto a una residencia de dos semanas a La Granja, en Amanalco, Estado de México.

Ésta es literalmente una granja de trucha arcoiris donde los artistas invitados hacen su labor en una especie de retiro y a cambio, trabajan en la granja para cuidar los peces. Ahí, el colectivo espera hacer en dos semanas una segunda parte de esta investigación corporal y traducirla a una videodanza, coproducida por una compañía llamada La Manga.

Al volver, trabajarán con quienes llaman sus padrinos dancísticos, Ángel Arámbula, Henry Torres y Liam Clansy, para la tercera parte de este proyecto. Una pieza que dirigen los tres coreógrafos, mezclando su estilo personal.

Para La Silla, ésta es su primera producción compleja, investigada y propia, que esperan poner a prueba ante el público de esta frontera a finales de este año.

La presentaciones

Sabado 19 frente a iglesia Estrella Del Mar, en Playas de Tijuana 5 p.m.

Lunes 21 de julio en la Casa de la Cultura en calle Segunda a las 5 p.m.

Miércoles 23 de julio en el Malecón de Playas de Tijuana, a las 5 p.m.

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Maribel Durazo observa un ensayo de . David Maung/Enlace
 
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