Columna: La reforma migratoria es mucho más que un tema económico

La mano con un marcador negro se mueve más rápido de lo que puedes escribir tu firma, esto mientras dibuja cifras económicas abstractas sobre una hoja en blanco. Una voz la acompaña enumerando los beneficios de la reforma migratoria.

“Quizás te has preguntado cómo la reforma migratoria afectará los trabajos en Estados Unidos”, se escucha la voz del video mientras la mano intenta simplificar el tema con dibujos de personas sin caras, gráficas que suben y bajan y números abstractos con signos de porcentaje a un lado.

“Los expertos dicen que… (la reforma migratoria) ayudaría a crecer la economía, generaría empleos y reduciría el déficit”.

Podría parecer un video más en favor de la reforma migratoria. Pero este video estaba en la página principal de la Casa Blanca el martes pasado mientras el presidente Barack Obama presentaba un argumento similar durante su discurso del Estado de la Unión.

Su mención del tema fue breve durante su discurso, como se esperaba. En un año cuando la reforma migratoria tiene otra oportunidad de convertirse en realidad, el presidente optó por no criticar a sus contrapartes republicanos. En su lugar, dio a conocer su estrategia para impulsar el tema en 2014: la reforma migratoria es buena para la economía.

Es un argumento bueno, uno que incluso he hecho aquí en varias ocasiones. La legalización de 11 millones de personas significaría más ingresos de impuestos para el gobierno (que ayudaría a reducir el déficit) y mayor actividad económica (los recién legalizados comprarían carros y casas más libremente).

Aunque la administración de Obama prefiere enfocarse específicamente en los beneficios económicos de extranjeros empresarios que generan empleos en Estados Unidos, el hecho es que la reforma migratoria tiene muchas cosas buenas.

Hoy en día, sin embargo, los argumentos van mucho más allá de lo económico.

La latinización de Estados Unidos poco a poco está borrando la división entre ellos y nosotros. Nuestras costumbres y tradiciones se están convirtiendo en las costumbres y tradiciones de todos. Estamos en un punto en la historia en que, por ejemplo, a la comida mexicana se le llama simplemente comida.

Es un mundo diferente incluso en comparación con hace 10 años. Las nuevas generaciones de latinos, bilingües y más educados que sus papás, están poco a poco tomando un lugar más prominente en la cultura de Estados Unidos. De hecho, son el motor del crecimiento demográfico del país. O sea, su futuro.

Y a pesar de ello, muchos de ellos son indocumentados. Otros tantos tienen padres o parientes que también carecen de documentos. Si todas esas personas que dudan sobre la reforma migratoria abrieran los ojos por solo un día, se darían cuenta que conocen a uno de ellos, o que conocen a alguien que los conoce.

Hoy estamos ligados más que nunca los unos a los otros. Por lo tanto, la reforma migratoria tiene que ver más con un sentido de comunidad y apreciación a nuestros vecinos y amigos: los papás de los amigos de la escuela de nuestros hijos, la persona con la que compartimos un asiento en la iglesia cada domingo, el conductor que nos da el paso en la intersección, el vecino que nos saluda desde lejos cuando salimos de la casa en camino al trabajo.

Sin importar cómo llegamos a este punto de vidas entrelazadas, pensaría que el argumento más poderoso en favor de la reforma migratoria es que todos queremos vivir en armonía con nuestros vecinos. Somos una parte inseparable de la cultura estadounidense, y en un futuro no muy lejano, seremos vistos como los que ahora son descendientes de italianos, irlandeses, alemanes e ingleses.

Se entiende que la Casa Blanca quiera vender esto con un argumento económico. A muchos republicanos les importan poco otros aspectos. Así es como se mueve la política.

En este 2014 la posibilidad de una reforma migratoria es nuevamente una realidad. Los republicanos, todavía sobándose las heridas de las batallas políticas con el presidente de los últimos años, están en la mejor disposición para negociar.

Esperemos que en un año esos dibujos de personas sin caras se conviertan en personas reales plenamente asimiladas a la sociedad.

 
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