Columna: Ahorrar agua en CA es un acto cívico

Mis tres niñas pequeñas corrían y gritaban con sus toallas en la cabeza momentos antes de entrar a la regadera, cuando convoqué a una reunión familiar de emergencia a un lado de la taza del baño. Se pararon frente a mí como soldaditos al presentir que se trataba de algo importante.

Fue entonces cuando les di la mala noticia: “Mijas, se está acabando el agua en California”.

Sus ojos se abrieron como si fueran tecolotes.

¿Por qué, papi?, me preguntó una de ellas.

“No llueve y la gente gasta demasiada agua”, fue mi respuesta. Y si se acaba el agua, entonces no podremos regar las plantas, lavar ropa, los trastes sucios o tomarnos baño, les dije. “Así que por favor, tómense un baño rápido”.

Tenía tiempo esperando tener una razón para decirles eso. Ellas pasan demasiado tiempo bajo el agua. Entre ponerse el jabón y el champú escriben sus nombres y hacen caritas felices en la puerta transparente de la regadera, y pasarían muchos minutos más dibujando corazones y mariposas si a mi esposa y a mí nos importara un comino la escasez de agua en la región.

El gobernador Jerry Brown recientemente declaró un estado de emergencia debido a la sequía más grave en la historia de California. Pidió que conservamos voluntariamente el consumo de agua en un 20 por ciento. Las niñas habrán ahorrado un 30 por ciento aquella mañana.

Es importante que ellas se conviertan en personas conscientes de los problemas colectivos que enfrentamos como sociedad. Nada hubiera ocurrido si hubiera optado por dejarlas gastar cuánta agua quisieran. Nuestro ahorro de agua tendría un impacto nulo en las reservas de agua del estado. De hecho, seguramente podríamos continuar gastando la misma cantidad de agua o más sin que nadie nos dijera nada. Por supuesto, tendríamos que pagar más cada mes.

Pero ahorrar agua es algo similar al acto de votar. Es un acto de conciencia cívica.

Hay personas que dicen que nuestro voto no cuenta, que solamente es uno de millones, y que por lo tanto el esfuerzo es mayor que la recompensa. Sin embargo, lo hacemos porque creemos en el sistema democrático y porque queremos tener un decir en nuestro futuro.

Ahorrar una gota de agua es dejar una gota de agua para alguien más. Este concepto sencillo nos enseña a ser considerados, una calidad de la que carecen muchas personas, especialmente aquellas que solamente piensan en sí mismas en el trabajo, en la autopista o en la tienda.

En el caso del agua, la lección más grande es la conciencia sobre los problemas ecológicos. Los cambios climáticos son una realidad, y les tocará a las nuevas generaciones afrontar las consecuencias. Los niños de hoy, por fortuna, son más conscientes que nunca de los errores ecológicos de la raza humana.

Los jardines verdes y frondosos a veces hacen que olvidemos que vivimos en una zona semidesértica que bajo circunstancias normales no tendría los recursos necesarios de agua para mantener a las millones de personas que vivimos en el sur de California.

Las autoridades estatales que controlan el agua avisaron a varias ciudades metropolitanas como San Diego y Riverside que en 2014 no recibirán suministro de las reservas estatales. Por fortuna la mayor parte del agua del Sur de California proviene del Río Colorado.

La sequía del agua no es solamente un problema regional. Los agricultores de California, quienes proveen una parte importante de las verduras y frutos del país, han perdido millones de dólares en mermas relacionadas con la sequía. De hecho, ellos consumen el 85 por ciento del agua del estado.

Y cuando hay menos verduras disponibles, los precios aumentan.

Las restricciones de agua por ahora son voluntarias ya que el estado de California tiene garantizado un buen suministro de agua por lo menos durante el 2014. Si llueve bastante en primavera, y el próximo invierno nos toca un año lluvioso, podríamos decirle adiós a la sequía.

Pero aunque la sequía termine, siempre voy inculcarles el ahorro de agua a mis hijas. A final de cuentas, ellas pueden dibujar sus caritas felices, corazones y mariposas en un cuaderno, o mejor aún, en la computadora para no gastar papel.

 
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