Editorial: Arrogancia y nepotismo en el Centro de Convenciones

En la más reciente controversia por nepotismo que ha golpeado al gobierno local, que ahora se involucra a la CEO del Centro de Convenciones de San Diego, Carol Wallace, es difícil decidir cuál es el punto más excesivo. ¿Es el nepotismo en sí? ¿Es el argumento de que Wallace no tuvo nada que ver con eso? ¿O es la declaración del presidente del consejo del centro de convenciones Dominic Nico Ferraro de que, “Yo no hablo con reporteros”?

Wallace ha recibido más que nada buena retroalimentación a su administración del centro de convenciones por casi un cuarto de siglo, aunque se han suscitado preguntas últimamente sobre por qué ahora el centro se enfrenta a más de 40 millones de dólares en mantenimientos aplazados y gastos de operación, un bache financiero que ha llevado a funcionarios a considerar la venta de derechos del nombre para recaudar dinero.

Funcionarios dijeron que la contratación del hijo de Wallace para un puesto de medio tiempo en el centro en el 2010 y un tiempo completo en el 2012 fue por su progreso, que no hubo favoritismo y que Wallace no tuvo nada qué ver con eso. Pero se negaron a liberar documentos que pudieran respaldar esos argumentos, y ambos Wallace se negaron a discutir este tema con U-T Watchdog.

Tal nepotismo en la iniciativa privada es común. Pero el centro de convenciones no es del sector privado. Aquí es donde los funcionarios están bajo un estándar más alto. El estándar no se alcanzó en este caso. En lo que respecta al comentario de Ferraro, eso ya es nada más arrogancia.

 
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