Brilló temple de Juan Pablo Sánchez en Aguascalientes, Hermoso se lleva oreja

TOROS MÉXICO

El torero mexicano, Juan Pablo Sánchez. EFE/Archivo
El torero mexicano, Juan Pablo Sánchez. EFE/Archivo

— El mexicano Juan Pablo Sánchez se manifestó hoy plena y totalmente ante sus compatriotas, realizando una gran faena que por desgracia no coronó con el acero pero en la que brilló intensamente su temple y buen gusto.

Cortó una oreja a su primero pero pudo haber ganado incluso el rabo en su segundo, lo que hubiera significado salir por la puerta grande.

El navarro Pablo Hermoso de Mendoza también cortó una oreja y el queretano Octavio García "el Payo" no tuvo opción en los tres toros que enfrentó.

Esta ha sido la tercera corrida de la Feria de San Marcos, que se celebra en la Plaza Monumental de Aguascalientes, en el centro del país.

Prácticamente se llenó el coso y se lidiaron dos toros de Julio Delgado, para rejones muy buenos ambos, y cinco de La Estancia que, salvo el sexto que fue bueno, mansearon deslucidos y sin gracia.

Hermoso de Mendoza abrió plaza con un toro de mucha calidad al que clavó dos rejones de castigo, el segundo innecesario pues el astado se apagó. El navarro mostró destellos de su calidad, mató de rejón de muerte caído y se silenció su labor.

El cuarto ha sido un toro bravo y muy apto para el toreo a caballo; Hermoso se lució en todo, salvo que pinchó una vez antes de un buen rejón de muerte, que fue suficiente para obtener una oreja.

García ha andado sin suerte. El segundo ha sido un toro manso y deslucido que no dio opción a nada, y lo mató pronto para silencio. Al quinto lo toreó por momentos con mucha técnica y torería, pero el público no se enteró por la sosería y lo deslucido de su enemigo.

Con ganas de triunfar regaló un séptimo, que fue una copia al carbón de sus dos adversarios anteriores. Octavio estuvo muy por arriba de sus enemigos pero sin lograr el propósito de alcanzar el triunfo; obtuvo palmas.

Sánchez ha sido el protagonista de la tarde. Al tercero, que también era mansote, distraído, lo entendió perfectamente y le fue sacando los paces con tirabuzón. Lo mató de una soberbia estocada para recibir una oreja y la aprobación y el cariño del público.

Todavía faltaba algo más: al sexto, que fue un buen toro, lo cuidó entre algodones para cuajarlo y hacerle una faena con un temple excepcional en la que hubo ligazón, buen gusto y torería. Es hasta el momento la faena de la feria.

Una pena que lo pinchara tres veces antes de dejar media estocada y un descabello. Si lo hubiese matado limpiamente hablaríamos del primer rabo del serial.

Como sea el público lo sacó al tercio para aplaudirle con clamor, muy merecidamente.