Dos octogenarios compiten por la conquista del Everest

MONTAÑISMO EVEREST

Vista del Everest, de 8.848 metros, desde Syangboche (Nepal). EFE/Archivo
Vista del Everest, de 8.848 metros, desde Syangboche (Nepal). EFE/Archivo

— Mientras el alpinismo celebra sus bodas de diamante por la primera ascensión al Everest, dos octogenarios compiten por plasmar su nombre en el libro de los récords por ser los más longevos en conquistar el pico más alto del mundo.

El duelo lo protagonizan el nepalí Min Bahadur Sherchan (81 años) y el japonés Yuichiro Miura (de 80), viejos conocidos porque en 2008 ya se enfrentaron en un duelo similar por la conquista del Everest cuando tenían 76 y 75 años respectivamente.

En esa ocasión, aunque Miura alcanzó la cima un día después que Sherchan, el nipón reclamó con éxito su lugar en el libro Guinness de los récords por ser el más anciano en conquistar el Everest, y no fue hasta meses después que el nepalí logró arrebatarle el mérito.

Pero Sherchan no quiere avivar viejas rencillas y antes de ir a la montaña aseguró a Efe en su casa de Katmandú que él no acomete el reto de alcanzar la cima de 8.848 metros porque Miura haya anunciado que la subiría, lo que podría suponer la pérdida de su récord.

"¿Por qué tendría que obtener otro récord? Ya tengo mi propio récord", sentenció Sherchan, un antiguo hombre de negocios, que afirmó que el motivo por el que quiere ascender de nuevo el Everest es porque siempre quiso hacerlo cuando cumpliese los 80.

"Quise intentarlo el año pasado, pero no obtuve ningún tipo de apoyo financiero por parte del Gobierno", dijo el nepalí.

Sherchan no pertenece a la comunidad sherpa, famosa por trabajar como guías en el Himalaya y ayudar a escaladores de todo el mundo a alcanzar las cimas más altas del globo, por lo que, al igual que ellos, el octogenario nepalí ha solicitado la compañía de uno.

Cerca de 4.000 personas han superado el reto de escalar el Everest desde que en 1953 lo hicieran el neozelandés Edmund Hillary y el indio Tenzing Norgay Sherpa.

Desde entonces muchos alpinistas se han lanzado a la montaña a la captura de récords, como el alcanzado el año pasado por la japonesa Tame Watanabe, al ser la mujer más anciana en pisar la cima: tenía 73 años.

Su compatriota Miura, por su parte, quiere obtener el mismo reconocimiento en la categoría masculina porque, como relató a Efe por teléfono desde el campamento base en el Everest, "los registros están hechos para romperlos".

El japonés agregó, además, que para él siempre había sido "un sueño" escalar la montaña más alta del mundo al cumplir los 80.

Esta será la tercera ocasión que Miura se enfrentará al reto de conquistar el Everest, después de lograrlo en 2003 cuando tenía 70 años hazaña que le brindó su primer récord y en 2008.

"Todavía estoy sano y fuerte, creo que dispongo de una buena oportunidad para alcanzar de nuevo el Everest", reveló confiado el escalador japonés, a pesar de que el pasado mes de enero fue operado del corazón y hace dos años se rompió la cadera en un accidente.

El contrincante del nipón, Sherchan, también se mostró optimista y aseguró que si no alcanza su objetivo será "debido al mal tiempo" y no por su "condición física", porque además, añadió, ahora posee "mucha más experiencia".

Para alcanzar sus objetivos los dos octogenarios se han ido manteniendo en forma a su manera.

Mientras Miura esquiador profesional y alpinista realizaba series de levantamiento de pesos con las piernas y caminatas semanales con 25 kilos a sus espaldas, Sherchan cargaba el mismo peso y subía varias veces al día las escaleras de su casa.

A Miura lo acompaña en esta hazaña su hijo Gouta, de 44 años de edad, que es médico.

Sherchan no contará, sin embargo, con el apoyo físico de sus hijos, que viven en el extranjero, ni tampoco con el de su esposa, pues esta dijo a Efe que no quiere que su cónyuge ascienda el Everest.

"Nunca quise que subiera, ni siquiera la primera vez", sentenció Purna Kumari, de 71 años, aunque su marido reveló que sí ha obtenido el permiso de su esposa, incluso "por escrito", añadió con una sonrisa.

Manesh Shrestha