Branford Marsalis Quartet acaricia Vitoria con un guante de seda

JAZZ VITORIA

El saxofonista estadounidense Branford Marsalis (c), acompañado por su cuarteto, durante el concierto de la cuarta jornada del trigésimo séptimo Festival de Jazz de Vitoria. EFE
El saxofonista estadounidense Branford Marsalis (c), acompañado por su cuarteto, durante el concierto de la cuarta jornada del trigésimo séptimo Festival de Jazz de Vitoria. EFE

— Branford Marsalis Quartet ha mostrado toda su delicadeza y su exquisito gusto en el cuarto concierto del Festival de Jazz de Vitoria, que crece día a día.

Después de un comienzo trepidante, ha ido metiendo al público que llenaba el recinto en una dinámica de la que iba siendo cada vez más difícil salir.

Sorprende la manera de entrar con su saxo (mejor dicho, sus saxos) en los temas. Discreto y elegante, buscando ante todo la conexión con la banda y mostrando después todo su potencial. Hace crecer las melodías y las convierte en otra cosa, como un árbol que ramifica y echa raíces. Las hace más complejas y, sin embargo, igualmente accesibles.

Ha habido de todo, para los puristas tanto como para los neófitos. Música que emociona sin necesidad de recurrir a la calidad instrumental, que no renuncia al swing o al blues, aún estando en otro estadio de la evolución.

Esta noche se ha presentado con su cuarteto, una formación estable y enorme integrada por Joey Calderazzo al piano, Eric Revis al contrabajo y Justin Faulkner a la batería y con la que editó en 2012 su "Four MFs Playing Tunes".

Branford Marsalis es uno de esos músicos incontestables que, a los 53 años, ha tocado con los más grandes (Miles Davis, Herbie Hancock, Art Blakey) y cuya música forma parte inevitablemente de la historia del jazz contemporáneo. Sin embargo, también ha hecho incursiones en otros estilos, como el blues de The Grateful Dead.

Esta noche lo tenía difícil, después del brillante concierto que ha hecho el trompetista Tom Harrell, un músico de otra generación, nacido en 1946 en Illinois y que hoy ha llegado a Vitoria acompañado por el saxo de Wayne Escoffery; Danny Grisset al piano; Ugona Okegwo al contrabajo, y Jonathan Blake a la batería.

Su actitud en el escenario es, en cierto modo, un espectáculo. Taciturno, rígido ante su propia música, su mirada fija en el suelo, casi sin ningún movimiento corporal, se transforma en emoción accesible y sincera desde el momento en que se pone a tocar la trompeta. El virtuosismo es innegable, pero importa más el groove, el contenido, que la forma.

Un jazz atmosférico, próximo y abierto, de melodías clásicas, tocado a la manera de Wayne Shorter o Herbie Hancock, que hace pensar en las bandas sonoras de los thrillers de los setenta más que en los desarrollos de los cincuenta: limpio, sencillo y humilde.

La semana ha ido subiendo en intensidad y Vitoria se prepara ya para el plato fuerte, con la presencia mañana sábado, primero por separado y después juntos en el escenario, nada menos que de Chick Corea y Paco de Lucía. Hace tiempo ya que no hay entradas para este concierto que ha requerido un gran esfuerzo por parte de la organización. Finalmente lo han conseguido, como han logrado este año desgranar un festival completo, variado y emocionante.

Pablo Madariaga

 
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