Luis Crosthwaite y otro autores usan las redes

Como parte de la inauguración de la 31 Feria del Libro de Tijuana, se brindó un homenaje al escritor tijuanense Luis Humberto Crosthwaite, al centro, aquí junto a Elsa Arnaiz y Pedro Ochoa, funcionarios culturales de Tijuana. Cortesía del Cecut
Como parte de la inauguración de la 31 Feria del Libro de Tijuana, se brindó un homenaje al escritor tijuanense Luis Humberto Crosthwaite, al centro, aquí junto a Elsa Arnaiz y Pedro Ochoa, funcionarios culturales de Tijuana. Cortesía del Cecut

Lo mismo en Texas que en Barcelona, el escritor tijuanense Luis Humberto Crosthwaite acudió a hablar de su obra en lugares donde sus libros estaban ausentes. Se lo planteó a su editorial, Tusquets, y como no hubo solución, decidió comercializar su obra en Amazon bajo el esquema de "impresión bajo demanda".

"Yo no he roto con Tusquets, sería muy tonto dejar de atender los libros que tengo ahí publicados", aclara. "Lo que estoy haciendo es distribuir mis libros donde no se están vendiendo, que es en Estados Unidos. (...) Me estoy publicando yo mismo, haciendo uso de mis derechos como autor de la obra".

Sin promoción alguna, en el último año calcula haber vendido 200 ejemplares de su novela más reciente, Tijuana: Crimen y olvido (2010), tras reescribir el final, que le parecía "apresurado". "Si alguien quiere un libro mío, Amazon lo imprime inmediatamente y lo envía. Es muy difícil notar la diferencia con una edición de imprenta, la calidad es muy buena".

Este sistema ha permitido que sus libros sean comprados en Inglaterra, Italia y España, donde antes sólo circulaban en fotocopias, y que en las universidades de Estados Unidos donde se estudia su obra los alumnos puedan contar con ejemplares.

Las ediciones de autor que ha preparado para Amazon tienen un costo de 7 a 10 dólares, por debajo del precio de mercado. Crosthwaite calculó que Tijuana: Crimen y olvido corresponde al volumen 9 de su obra, el número 8 es Aparta de mí este cáliz, y el primero de la colección es Marcela y el rey: Al fin juntos, que tras su publicación en 1988 no había vuelto a ser editado y ahora aparece en una "edición de aniversario".

El autor recibe cerca del 40 por ciento de regalías, mientras que las editoriales manejan el 10 por ciento. "Para la industria editorial, el acto de escribir un libro cuesta el 10 por ciento de su valor. Eso a mí me molesta, pero es lo que se maneja y ellos son los que van ganando".

Crosthwaite lamenta que las editoriales hispanas actúen de acuerdo a una "idea fija" de lo que vende, limitada a los "autores españoles y las traducciones". "Es una especie de colonialismo, no lo puedo llamar de otra manera. Deciden lo que se va a mandar a México, a toda América Latina, y nosotros como lectores tenemos que forjar nuestro criterio de lectura basados en lo que proponen".

Su experiencia en diseño editorial le permite actuar como un "escritor orquesta". Deja su libro listo para publicar; sólo pide a algunos amigos que lo ayuden a detectar erratas.

Desde que dejó de escribir Los mil trinos y un trino el pasado 31 de marzo, el colombiano Héctor Abad Faciolince no ha regresado a la cuenta de Twitter (@AbadFaciolince) donde contaba la historia de Martín Múnera. "A lo mejor me convencen de seguir y tengo pereza".

El autor de El olvido que seremos comenzó a aburrirse y decidió parar. Sus más de 15 mil 500 seguidores ya no sabrán el final de la historia, lo mismo que Abad Faciolince, que escribía en una libreta dos o tres páginas a mano de la novela, para luego transcribirlas, frase por frase de 140 caracteres, día tras día.

"Yo no puedo escribir si me aburro", afirma. "De repente, el experimento me empezó a aburrir, ya no daba más de sí, ya no me enseñaba nada más".

Escribió en total 266 tuits. Inició la narración el 31 de marzo de 2012, y debía terminarla en abril de 2015. La experiencia le enseñó que se puede escribir una novela frase por frase, pero no se puede leer sólo una frase al día porque se pierde el hilo, explica.

"Al cabo de un tiempo, y esto es lo más grave, yo también perdía el hilo. Lo que más me gustaba era usar otras herramientas de multimedia que la red te permite: ponía la música que oía el personaje, metía fotos y pequeñas películas... Todo quedó colgado en Twitter".

Abad Faciolince, sus lectores, y a veces el mismo azar, decidieron el rumbo de la tuitovela. "Lo que menos me gustó fue el ritmo de la escritura y de la lectura. Tal vez podría escribirse con más trinos al día, siquiera diez o veinte".

Descarta que continúe la novela iniciada en Twitter para publicarla en formato impreso. "Ese experimento es lo que es, y se quedará así. En punta y en la red".

ASÍ LO DIJO

"Si quisiera vender libros, que fuera un negocio, sería complicadísimo. Lo único que quiero es que mis libros estén al alcance de la gente, y los voy a ir sacando (en Amazon), empezando por los más populares".

Luis Humberto Crosthwaite, escritor.

"De un momento a otro, ya no sólo era absurdo (escribir 'Los mil trinos y un trino'), sino aburrido. Puedo hacer cosas absurdas, pero las aburridas me pueden matar, y no quise exponer mi vida".

Héctor Abad Faciolince, escritor.