Diego López gana el pulso a Adán; Pinto fijo en Copa

FÚTBOL COPA REY

Los porteros del Real Madrid, Adán (i) y Diego López (d), realizan ejercicios de calentamiento. EFE/Archivo
Los porteros del Real Madrid, Adán (i) y Diego López (d), realizan ejercicios de calentamiento. EFE/Archivo

— Diego López debutó en un clásico, desenmascaró el discurso de Jose Mourinho y ocupó la meta blanca cuatro días después de llegar a Madrid, en el duelo grande ante el Barcelona, que tiró de costumbre y mantuvo a Jose Manuel Pinto en su meta.

El debate y la incertidumbre se silenció una hora antes del partido de ida de la semifinal copera. La lesión de Iker Casillas había mantenido entretenido a buena parte de los especuladores. Incluso de los apostantes. Al final vio la luz del lado del gallego.

El revuelo creado por Mourinho hace poco más de un mes, que agitó innecesariamente una cuestión intocable hasta ahora, la de la portería, alimentó la expectación con la baja de Casillas y el fichaje relámpago de Diego López, hasta ahora en el Sevilla.

Adán, al que su entrenador había considerado en un mejor momento que el capitán, jugó el partido de Liga ante el Getafe, el pasado domingo. Una decisión lógica a pesar de la inclusión en la convocatoria de Diego López, que había llegado horas antes a Madrid aún desbordado emocionalmente por su nueva situación.

La cuestión estaba en prolongar la confianza a Adán o justificar el fichaje de Diego López, veterano, con experiencia e internacional. Y acarrear con las posibles consecuencias psicológicas para el joven meta si quedaba al margen del clásico.

Jose Mourinho quedó al descubierto. La fe en Adán no alcanza aún para momentos de enjundia, espacio que en cualquier caso hubiera estado reservado a Iker Casillas y ahora, mientras tanto, parece destinado a López. Nada que ver con los argumentos que el preparador luso se empeñó airear para justificar una decisión de otra índole. Por la que antes pasaron otros miembros de la plantilla como Sergio Ramos, Mesut Ozil o Ángel Di María, que más tenían que ver con escarmientos o toques de atención que por razones meramente deportivas.

Puede que Adán siga en Liga. Pero las Copas, asuntos mayores, están al margen de frivolidades y experimentos aventurados.

El Barcelona, por su parte, fue fiel a la tradición. Sin saber cómo, el debate se generó también de forma inesperada. Una cuestión cerrada desde años atrás se tambaleó de la manera más absurda. Dio la sensación de que el anuncio de despedida de Víctor Valdés podía echar por tierra la tradición copera.

El técnico azulgrana Jordi Roura, por su parte, alimentó las dudas cuando decidió no confirmar la presencia del gaditano en su portería. Todo lo contrario que Pep Guardiola, que siempre aseguraba que la alineación la iban a formar "Pinto y diez más".

El juego del escondite acabó con Diego López, que disputó su partido oficial número doce con el Real Madrid, y Pinto aferrado al puesto, al descubierto.

Ambos salieron airosos del clásico. Con un gol en la mochila y tablas. Citados para el partido de vuelta. Pinto se mantuvo sobrio. Sacó adelante los contratiempos a los que le expuso el rival. Aunque no fueron excesivos. Sobre todo al principio, respondió bien a las primeras avalanchas blancas. Las lideradas por Cristiano. Nada pudo hacer en el gol. Se vio con el balón encima.

Diego respondió a la preponderancia del compromiso. Indeciso en algunos divididos, propios de la desconfianza que ha padecido en los últimos tiempos, fue a más. En la segunda mitad destapó lo mejor. Acciones decisivas. Como un mano a mano con Leo Messi o un disparo de Jordi Alba que desvió a córner.

Santiago Aparicio

 
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