COLUMNA: Diario de un loco

Es un hombre enfermo, un hombre que sufre serios problemas mentales, un hombre al que le gusta esconderse en la mentira y el autoengaño para justificar sus erróneas decisiones.

Su delirio de grandeza lo ha hecho enloquecer, ha perdido por completo la razón y la ecuanimidad.

Jorge Vergara, el propietario de las Chivas de Guadalajara, es un energúmeno, un engreído, una persona a la que le gusta tratar con despotismo y soberbia al prójimo.

Lo que el dueño del Rebaño hizo el pasado 2 de enero es síntoma inequívoco de que requiere ayuda profesional para deshacerse de sus complejos, de sus rencores, de sus frustraciones.

A dos días de iniciar el Torneo Clausura 2013, Vergara corrió al entrenador holandés John van’t Schip, quien llegó al puesto como parte del convenio de trabajo firmado hace seis meses entre Chivas y Johan Cruyff.

Se suponía que Cruyff se iba a hacer cargo de las decisiones deportivas del Club Guadalajara hasta el 2015.

Cuando lo trajo a México, Vergara veneró la figura de Cruyff como si se tratara del mecías que salvaría de la mediocridad al histórico equipo del futbol mexicano.

Los malos resultados en los primeros seis meses de trabajo de Cruyff, hizo que Vergara lo despidiera de la manera más fría posible: por medio de un correo electrónico.

Vergara reventó a pesar de haber dicho que aguantaría a capa y espada el llamado Proyecto Cruyff, ya que el exjugador y exentrenador del Barcelona era el único ser humano en el que confiaba para devolverle a las Chivas su grandeza.

Cruyff mandó 10 entrenadores holandeses para hacerse cargo de las Fuerzas Básicas del Guadalajara y a van’t Schip para dirigir al equipo de la Primera División.

“Que diferencia, estos holandeses saben lo que hacen, tienen procedimientos de entrenamiento muy adelantados a los de cualquier equipo mexicano, son grandes profesionales”, dijo Vergara el pasado mes de octubre.

Tres meses después de esa declaración, el bipolar de Vergara corrió a su venerada legión holandesa.

Pobre hombre; más enfermo y confundido no se puede estar.

Vergara dejó que Van’t Schip trabajara con Chivas toda la pretemporada cuando podía haberlo despedido al mismo tiempo que a Cruyff, a principios de diciembre.

Van’t Schip ya tenía armado al equipo para arrancar el Torneo Clausura 2013 y había realizado los ajustes necesarios para empezar una nueva etapa con el cuadro rojiblanco.

El técnico europeo nunca se imaginó que mientras él trabajaba, Vergara estaba fraguando una de sus conocidas y tradicionales puñaladas traperas.

Cegado por la frustración que le ocasionó la millonaria erogación para contratar los servicios de Cruyff, Vergara optó por jugar como un títere con Van’t Schip.

Con la intención de que al técnico holandés le doliera su salida, Vergara se escondió en el manto oscuro de la noche del miércoles 2 de enero para fraguar su estocada final.

Cuando todos dormían y nadie se lo esperaba, Vergara envió la orden de ejecución: liquidar a Van’t Schip y a los otros 10 entrenadores holandeses.

Actuando como un verdugo sin escrúpulos, Vergara dio rienda suelta a su rencor para dejar ir a los técnicos europeos igual como se deja ir a un perro al cual ya no se puede mantener.

“El gran problema de Chivas es su propietario, Jorge Vergara”, dijo Cruyff desde España, la misma noche en que sucedieron los hechos.

Cruyff fue muy diplomático en sus palabras, yo no tengo por qué serlo: Vergara es un hombre enfermo.