La ciudadanía debe ser parte íntegra de la reforma

Desde que perdieron las elecciones de noviembre, los republicanos han dicho que una de sus prioridades es recomponer la relación que tienen con la comunidad hispana. Y para demostrarlo han tomado medidas sin precedentes para acercarse más a los latinos.

Esa semana, por ejemplo, el senador latino de ascendencia cubana, Marco Rubio, fue seleccionado por su partido para responder al discurso de alto perfil del Estado de la Unión del presidente Barack Obama. Y por si esto no fuera suficiente, la respuesta la hizo en dos idiomas, inglés y español. Fue la primera vez que la respuesta se dio en dos idiomas.

Pero la verdadera prueba del partido republicano se dará con la reforma migratoria, y específicamente con la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Debe existir un camino a la ciudadanía para todos los inmigrantes indocumentados legalizados, o solamente para quienes fueron traídos a Estados Unidos cuando eran niños?

Es un asunto complicado para muchos republicanos. Por un lado quieren quedar bien con los hispanos. Pero por el otro, y éste es el lado más siniestro del asunto, muchos temen en secreto que una vez que se hagan ciudadanos los latinos votarán por el otro partido. Y es que tradicionalmente, una vez que se hacen ciudadanos, los inmigrantes de todos tipos tienden a votar por el Partido Demócrata.

Por lo tanto, ¿qué motivación tienen los republicanos para otorgarle la ciudadanía a 11 millones de potenciales electores demócratas en un momento cuando su partido está al borde de la irrelevancia debido a los cambios demográficos del país, que en sí favorecen a los demócratas?

Quizás por eso muchos políticos de alto nivel del partido conservador, como el líder republicano de la Cámara de Representantes, Eric Cantor, han dicho que solamente apoyan la ciudadanía para los indocumentados que fueron traídos a Estados Unidos cuando eran niños.

Pero limitar la ciudadanía a los jóvenes sería un gran error. De hecho, es difícil pensar en una mejor manera de convertir a estos jóvenes en demócratas de por vida que negándole la ciudadanía a sus padres. Muchos de estos jóvenes lo verían como un ataque a sus familias.

Ese tipo de posturas reflejan el poco entendimiento que tienen los republicanos de los latinos. Mientras muchos de nosotros somos legales, casi todos tenemos a un pariente o conocemos a alguien que es indocumentado. Por lo tanto, cuando los republicanos le ponen trabas a unos, en realidad están atacando a todos.

Los republicanos buscarán limitar la ciudadanía lo más que puedan sin quedar mal con los latinos. Seguramente intentarán todo tipo de trabas para dificultar el camino a la ciudadanía, incluyendo esperas de varios años, tarifas de cientos de dólares y requisitos estrictos como pagar los impuestos, hablar y escribir inglés.

La realidad es que los republicanos están acorralados. Si no aceptan ningún tipo de ciudadanía, entonces los latinos, el grupo electoral de mayor crecimiento en el país, continuará votando por el otro partido. Si aceptan solamente la ciudadanía de los jóvenes, éstos votarán por los demócratas en respuesta al trato que recibieron sus padres.

Si los republicanos deveras quieren ayudar a su casa, apoyarían la ciudadanía para todos los indocumentados que serían legalizados. De esta forma eliminarían la inmigración ilegal como un tema político divisorio que puede ser explotado por los partidos políticos.

Ésta es una gran oportunidad que tienen los republicanos para empezar a cambiar hacia dónde se inclina la balanza, y es algo que están reconociendo algunos políticos.

Cada día hay noticia de algún republicano que cambia de opinión o “evoluciona” en cuanto a la inmigración ilegal. Tan solo esta semana el congresista republicano de Colorado, Mike Coffman, que hace apenas un año quería eliminar el derecho de ser ciudadano por nacimiento, ahora dice que apoya la ciudadanía de los jóvenes.

Nunca habíamos estado tan cerca de una reforma migratoria integral. No hay que olvidar que hemos llegado este punto porque unos 14 millones de hispanos votaron en las elecciones pasadas. Es la razón por la que Marco Rubio respondió al discurso del presidente en inglés y en español.

¿La moraleja? El voto es el único idioma que entienden los políticos.