Benedicto XVI critica hipocresía en la Iglesia

El Papa Benedicto XVI el miércoles de ceniza, febrero 13 de 2013.
El Papa Benedicto XVI el miércoles de ceniza, febrero 13 de 2013. — AP

CIUDAD DEL VATICANO —El Papa Benedicto XVI dijo ayer, en su última misa pública, que la cara de la Iglesia católica a veces se desfigura por pecados contra su unidad, al tiempo que criticó la hipocresía y pidió superar los individualismos y las rivalidades que existen dentro de la institución.

El Pontífice pronunció esas palabras luego de que en un acto anterior, celebrado más temprano, indicara que su renuncia se ha producido por el bien de la Iglesia.

En los últimos años, la Iglesia fue golpeada, entre otras cosas, por los escándalos de curas pederastas y los Vatileaks, la mayor filtración de documentos reservados del Vaticano en la historia del catolicismo.

"Soy consciente de la gravedad (de la decisión). Hice esto en plena libertad por el bien de la Iglesia", afirmó el Papa, quien se mostró sonriente a ratos y con un aspecto relativamente sano.

Durante toda la jornada, Benedicto XVI fue homenajeado y ovacionado por fieles y Cardenales.

Uno de los eventos más emotivos fue precisamente la celebración del rito del Miércoles de Ceniza, que se realizó en la basílica de San Pedro, en lugar de la tradicional iglesia de Santa Sabina, en la colina romana del Aventino.

Allí, vestido de morado, como marca la liturgia cuaresmal, el Papa no desperdició la ocasión para lanzar una de sus últimas advertencias a los miembros de la Iglesia, más aún en vista del cónclave que, si no hay cambios de programa, se celebrará entre el 15 y el 20 de marzo.

"El rostro de la Iglesia aparece muchas veces desfigurado. Pienso en particular en las culpas contra la unidad, en la división dentro del cuerpo eclesial", criticó el Pontífice, de 85 años.

"Vivir la Cuaresma en una comunión eclesial más intensa y evidente, superando individualismos y rivalidades, es un signo humilde y precioso para todos aquellos que están lejos de la fe o indiferentes", argumentó.

Esta no es la primera vez que el Papa critica a los suyos. Alguna vez denunció la "suciedad de la Iglesia" y en otra ocasión habló de la afición de sus príncipes a "morderse y devorarse mutuamente".

Los asistentes a la misa, entre ellos miembros del colegio de Cardenales, se pusieron a llorar, incluido el secretario personal del Papa, Georg Gänswein, quien seguirá en su cargo tras la abdicación de Benedicto XVI, informó el vocero vaticano, Federico Lombardi.

Muchas interrogantes, sin embargo, aún siguen abiertas. El Vaticano no se había enfrentado a una situación de este tipo en 600 años.

Entre otras cosas, se desconoce qué título mantendrá el Papa una vez haya dimitido y cuándo será enviada la convocatoria oficial para que los Cardenales acudan a Roma, como ocurre cuando muere un Pontífice.

Lo que ya se definió son las personalidades que estarán a cargo de la Iglesia durante el periodo de transición.

Se trata de tres italianos: el Secretario de Estado, el Cardenal Tarcisio Bertone, quien ejercerá como camarlengo y será el personaje de mayor importancia; monseñor Pier Luigi Celata, quien fungirá como vice para ayudar a Bertone, y Giuseppe Scaccia, quien será asesor jurídico.

En esta línea, el director adjunto de la oficina de prensa, el padre Ciro Benedettini, puso ayer fin a la incógnita sobre el número de prelados habilitados al voto.

Según dijo, los Cardenales electores del futuro Pontífice son 118, pero uno, el ucraniano Husar Lubomyr, cumplirá 80 años antes de la abdicación de Benedicto XVI, lo que lo excluirá del cónclave.