Un padre utiliza anuncios en bancas para encontrar al asesino de su hijo

Un anuncio en una banca entre Las Posas y Grand en San Marcos ofrece una recompensa por pistas.
Un anuncio en una banca entre Las Posas y Grand en San Marcos ofrece una recompensa por pistas. — Adrian Vore • UT

Raúl Rodríguez está decidido a descubrir quién mató a su hijo de 17 años de edad durante una fiesta en una casa de Escondido hace tres años.

Es por eso que invierte 600 dólares al mes para pagar más de una docena de bancas en paradas de autobuses en San Marcos y Escondido que gritan el mensaje: ¿Quién mató a Julián Rodríguez?

El muchacho, que por algún tiempo fue miembro de pandillas, murió después de lo que parece fue una pelea entre pandilleros, poco después de la medianoche del 22 de febrero del 2009.

Las pistas en la investigación se han consumido del todo, pero la familia de Julián espera que el mensaje en las bancas haga que alguien arrojé más información que ayude a resolver el asesinato.

“Tengo la esperanza de que alguien vea esa banca y lo sienta”, dijo Raúl Rodríguez. “Que su conciencia les diga: ‘Yo sé algo.”

A pesar de que Rodríguez ya ha gastado más de 26 mil dólares en los anuncios de las bancas desde el año 2009, dijo que continuará pagando dicha factura. También ofrece una recompensa de 10 mil dólares por información que conduzca a una condena.

Huyendo de la vida con las pandillas

Cuando en 2005 Rodríguez se percató de que su hijo se había involucrado con una pandilla de San Marcos, mudó a la familia a San Jacinto, al este de Temécula, en el Condado de Riverside.

Para el padre, el cambio de domicilió significó un traslado diario de 90 minutos — dos horas en tráfico pesado — para llegar a su trabajo como guardia de seguridad en la estación generadora nuclear de San Onofre. Pero solo así su hijo — cuyo apodo entre la pandilla era “Youngster” — tendría una nueva oportunidad.

A pesar de que el adolescente ya no participaba en las pandillas, todavía tenían ciertos lazos en la vida de Julián.

El día antes de que fuera apuñalado a muerte, Julián estaba en el Condado Norte — no por asuntos de pandillas, sino en Cal State San Marcos donde fue a participar en un evento contra las pandillas. Después del evento, sus amigos lo convencieron de asistir a una fiesta en una casa en Felicita Road en Escondido, a pocas cuadras al este de la Interestatal 15. Entre los asistentes a la fiesta se encontraban antiguos compañeros de Julián de la pandilla de San Marcos y miembros de una pandilla rival en Escondido.

Más de tres años después, la policía todavía no sabe qué es exactamente lo que desató la pelea, pero se cree que fueron asuntos entre pandillas, dijo el detective de la policía de Escondido, Greg Gay.

Alguien llamó a la policía para informar que la fiesta estaba fuera de control. Cuando las patrullas arribaron, todos se dieron a la fuga. Encontraron el cuerpo de Julián junto a una valla en la propiedad.

Los pocos asistentes a la fiesta que la policía pudo localizar se quedaron mudos. “Uno de los grandes obstáculos que estamos tratando de derribar es la poca cooperación, lo cual es típico en casos de este tipo”, dijo Gay.

Dijo también que no tiene pruebas o motivos para creer que Julián iba armado.

“Creo que trató de alejarse de la vida de las pandillas”, dijo Gay. “Pero se dejó llevar cuando regresó a sus antiguos lugares.”

Mejores amigos

Raúl Rodríguez dijo que él y Julián eran mejores amigos.

Solían jugar a los dardos en el garaje de la familia, y llevaban la puntuación en una pared; Julián iba ganando 28 contra 22 partidas de Raúl.

En la misma pared, Rodríguez ocasionalmente marcaba la estatura de su hijo. La última raya muestra que a Julián le faltaba solo un cuarto de pulgada para llegar a los 6 pies.

Rodríguez, un militar retirado del ejército, fue enviado a Arabia Saudita como parte de la Operación Tormenta del Desierto. Estaba allá cuando se enteró de que su esposa estaba embarazada de Julián, que sería nueve años menor que su única hermana.

Cuando nació Julián en 1991, su padre estaba allí y gritó, “¡Es un varón!”

Rodríguez y su esposa, Rosa, le pusieron por segundo nombre Austin, por la ciudad de Texas donde nació.

Aún usaba pañales cuando ya le ayudaba a su padre a podar el césped, andaba junto a él mientras empujaba una cortadora de césped que lanzaba burbujas.

Un chico atlético, Julián jugaba futbol y basquetbol en San Marcos. Pero las pandillas lo atrajeron y para la edad de 16 años ya tenía en su expediente un interdicto.

Cuando la familia se trasladó a San Jacinto, Julián estaba enojado. “Pero después me dijo que estaba contento de haberse alejado”, dijo Rodríguez.

“De cierto modo el cambio le abrió los ojos.”

Julián eventualmente se enfocó en un nuevo deporte, las artes marciales mixtas, y en la escuela. Le dijo a su padre que quería trabajar algún día como consejero de niños.

Menos de tres meses después de la muerte de Julián, los anuncios en las bancas surgieron a la vista.

“Eventualmente, alguien va a decir algo”, dijo Rodríguez. “No vamos a rendirnos”.

La familia ha creado un sitio web para obtener sugerencias:

www.findjulianskiller.com.

Cualquier persona con información sobre el caso puede llamar al (760) 839-4404, o dejar una pista anónima en Crime Stoppers al (888) 580-8477 o a

tips@sdcrimestoppers.com.

 
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