Lecturas gratuitas mientras esperan cruzar a San Diego

Nicolás Blanco y Eréndira Márquez ofrecen libros a quienes esperan en la línea.
Nicolás Blanco y Eréndira Márquez ofrecen libros a quienes esperan en la línea. — David Maung

Una veintena de jóvenes que portan chalecos anaranjados con la leyenda “Te presto un libro gratis” camina en busca de lectores de cualquier edad entre cientos de automovilistas que pretenden cruzar a San Diego por la garita de San Ysidro.

En ese sitio, donde 75 mil conductores y peatones convergen diariamente y se concentra el 4 por ciento de la contaminación que se genera en toda la ciudad, según la Secretaría del Medio Ambiente de Baja California, ese grupo de jóvenes recomienda títulos de cuentos, poesía, novelas u obras de interés general.

Cuando logran interesar al automovilista, le hacen el préstamo y colocan sobre el vehículo un cono color naranja con la leyenda “Libro a bordo”, que sirve para identificar dónde se encuentran los libros y sus lectores y que así, más adelante, casi al llegar a la garita, otros jóvenes recojan los libros y conos.

“A muchos aquí se nos va toda la mañana, mínimo pasas una hora y a veces hasta tres o cuatro; si traes a tus hijos no te la acabas, no sabes cómo entretenerlos. Por eso a mí me parece muy buena idea poner una librería pública aquí, porque mientras haces la fila haces algo que te beneficia, aprendes tú y tus hijos”, dijo Aracely Cervantes, de 43 años, madre de dos niños y empleada administrativa de un supermercado de Tijuana.

Este proyecto de búsqueda de lectores se llama “Lectura en espera. Lectura en la línea” (LEE) y lo lleva a cabo desde abril de 2011 el Instituto de Cultura de Baja California (ICBC) y el Programa Nacional Salas de Lectura.

Desde su inicio únicamente se llevaba a cabo los sábados, pero desde finales de septiembre pasado se realiza también todos los viernes.

Y es posible que se extienda a más días, una vez que se puedan conseguir a más jóvenes prestadores de servicios sociales, dijo Patricia Blake, jefa del departamento de Fomento a la Lectura del ICBC. La mayoría de los jóvenes que trabajan en esta labor son estudiantes de preparatoria o de universidad que trabajan de forma temporal.

“Seguimos encontrando lectores. En promedio estamos prestando 400 libros diarios”, explicó Blake. “Pudieran ser más, pero tenemos el problema de que nos faltan más estudiantes que quieran prestar su servicio social aquí”.

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Karina Sandoval y Jarleth Angulo ofrecen libros en la línea a quienes esperan cruzar a San Diego. — David Maung

Actualmente esta sala de lectura funciona con cuatro librobicis, un velocípedo adaptado con una pequeña cabina donde se exhiben los libros, en el lado derecho de la garita de San Ysidro, entre el acceso peatonal, la línea Sentri y la Ready Leane, todos los viernes y sábados de 9 a.m. a 4 p.m.

Blake dijo que no se han extendido al lado izquierdo de la garita porque es muy difícil cruzar los puentes con los librobicis.

Entre el ir y venir de peatones y conductores, vendedores ambulantes, puestos de comida, artesanías, letreros luminosos, rostros resignados a desacelerar sus vidas por un par de horas, van y vienen obras clásicas de la literatura de autores muy conocidos como William Shakespeare, Franz Kafka, los hermanos Grimm, Juan Rulfo u Octavio Paz; además obras de autores regionales publicados por el mismo ICBC.

El modelo de esta sala de lectura está hecho para que el conductor lea en el curso de su espera alguna de las obras breves que tiene el catálogo. Lo que más piden son obras infantiles, cuentos para niños, pero tienen más de 750 libros, dijo Blake. En promedio, la gente dura con el libro una hora.

El ICBC está haciendo encuestas en la garita para conocer qué otras obras quisiera leer o qué piensa del programa Lectura en espera. Lectura en la línea; además aprovecha para promocionar sus eventos en ese espacio.

De acuerdo al ICBC, en 17 meses que ha funcionado esta sala de lectura llevan un récord de 10 500 préstamos de libros, beneficiando a más de 40 mil personas.

La dinámica del préstamo:

Un joven ofrece el préstamo del libro al automovilista, desde la Librobici.

Al acercarse a la unidad realiza un pequeño sondeo para recomendarle algún ejemplar.

Otro joven hace una pequeña encuesta, donde apunta título del libro y correo electrónico de la persona (para mandarle información de su interés). Posteriormente coloca un cono color naranja en el techo del auto.

Unos 10 metros antes de cruzar se encuentra otro joven recoge las obras literarias, que colocará en un carro receptor.

En ese momento, el muchacho le entregará un tríptico informativo con los datos generales del proyecto y las páginas electrónicas de las instituciones responsables del programa LEE.

 
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