Newtown exige acciones

Cómo duele escribir sobre temas trágicos, y más cuando se trata de la muerte de niños, lo que pudo evitarse si se hubieran tomado medidas oportunas.

Apenas en el mes de agosto escribimos en este espacio sobre dos masacres humanas registradas con dos semanas de diferencia. En un cine de Aurora, Colorado, doce personas fueron asesinadas, mientras que otras seis fueron acribilladas en un templo Sikh, en Oak Creek, Wisconsin.

En dicho artículo titulado ¡Frenen las masacres!, comentamos que “bastaría prohibir las armas de alto poder y subir el límite edad a 25 años para evitar estas masacres”. Y luego preguntamos:

“¿Cuántas cosas más tendrán que suceder para tomar acciones drásticas y rigurosas? ¿Deberemos en Estados Unidos esperar a que se repita otro 9/11 u otra masacre tan dolorosa como la de Aurora, Colorado? ¿O acaso son más importantes las armas que las vidas humanas?”.

Lamentablemente tales cuestionamientos quedaron en el aire y nada se hizo para evitar tan amargas y dolorosas tragedias.

El pasado viernes 14 de diciembre el pequeño poblado de Newtown, en el estado de Connecticut, se cimbró con la matanza de 27 personas, entre ellas 20 niños de entre 6 y 7 años de edad, ocurrida en la escuela primaria Sandy Hook.

Noah Pozner fue la menor de las víctimas, apenas había cumplido seis años el pasado mes de noviembre. Entre los asesinados destacó la maestra de origen puertorriqueño Victoria Soto, quien al igual que otras educadoras, actuó heroicamente para defender a los pequeños del inhumano agresor Adam Lanza, de 20 años de edad, y quien poco antes había matado a su madre.

Las 26 víctimas del plantel —6 profesoras y 20 niños— han recibido un trato de héroes pero será justo y obligatorio promover en su memoria las acciones legales necesarias y urgentes para que no se repitan estos horripilantes sucesos.

El presidente Barack Obama declaró que “no podemos tolerar esto más; estas tragedias tienen que terminar. Y para acabar con ellas, debemos cambiar”.

Pero lo cierto es que muy poco ha hecho Obama por reglamentar la venta y uso de armas a pesar de que le ha tocado vivir como presidente varios asesinatos masivos en los últimos años.

Según estadísticas más de un millón de personas han muerto en Norteamérica por tiros de armas de fuego durante los últimos 40 años y se tiene registro de por lo menos 61 matanzas en las tres décadas anteriores en donde se utilizaron 139 armas de las cuales solo una cuarta parte fue adquirida ilegalmente.

Durante la administración Clinton se prohibió la venta de armas de asalto a ciudadanos, pero el decreto expiró en el año 2004 y desde entonces cualquier persona mayor de 21 años de edad con una licencia de conducir y sin antecedentes penales, puede adquirir uno o más rifles AK-47 y R-15, entre otros poderosos armamentos.

El atacante utilizó dos pistolas y un rifle Bushmaster AR-15 que robó a su madre, aficionada a las armas y quien las había adquirido legalmente. Pero si el decreto contra rifles de alto poder siguiera en vigor, la desalmada acción de Lanza no habría tenido los mismos efectos sangrientos.

Varios congresistas anunciaron a raíz de la tragedia de Newtown que presentarán iniciativas para controlar las armas de fuego, aunque cabe recordar que en el 2008 la Suprema Corte de Justicia declaró inconstitucionales las leyes que van en contra de la segunda enmienda Constitucional, promulgada en 1791.

Alguna acción drástica, sin embargo, tendrá que tomar pronto el presidente Obama y luego el Congreso para que la compra y uso de las armas, especialmente los rifles de asalto, no vuelvan a caer en manos de jóvenes desequilibrados y disfuncionales.

La muerte de estos niños inocentes y cuyos sueños, alegrías e ilusiones fueron truncadas dramáticamente, merece una respuesta inmediata por parte del gobierno y del Congreso norteamericano.

¿O acaso son todavía más importantes las armas que las vidas humanas de veinte pequeños que bien pudieron ser nuestros hermanos, hijos o nietos?

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