'Traigan más gas, más gas': Disturbios en México

Las vallas metálicas instaladas en torno a la Cámara de Diputados resistieron las arremetidas de los inconformes con la toma de posesión de Peña Nieto.
Las vallas metálicas instaladas en torno a la Cámara de Diputados resistieron las arremetidas de los inconformes con la toma de posesión de Peña Nieto. — Agencia Reforma

MÉXICO, DF — Por momentos, los policías federales se perdieron entre el humo de los petardos y del gas lacrimógeno.

Las detonaciones de los cohetones por parte de un grupo de manifestantes y de las granadas aturdidoras de los uniformados, en las inmediaciones del recinto legislativo de San Lázaro, fueron el preludio para una batalla de casi seis horas.

Una lluvia de piedras y bombas molotov cayó sobre los federales, que unidos, codo a codo, soportaron la artillería de los opositores a la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, como Presidente de México.

"Refuerzos, refuerzos", gritaba desesperado un mando de las Fuerzas Federales de Apoyo a su gente.

Los uniformados salían llorando y tosiendo de la línea de fuego por el gas lacrimógeno que aventaban los federales a los inconformes, pero que éstos regresaban casi al instante. Como juego de ping pong.

"No mamen, cierren las vallas, están abriendo las vallas, trae a los Delta", exigía un federal con los oídos zumbando tras el estallido de un petardo.

Otro agente salía apoyado en hombros de sus compañeros con la frente abierta por un rocazo.

"Están tundiendo a la banda, traigan más gas, más gas", se oía entre los federales.

Las botas del paso redoblado era música para los oídos de los agentes que aguantaban de todo. Tubos, varillas, piedras, canicas, palos, coladeras, llantas incendiadas, botellas con gasolina, latas, cadenas y hasta pedazos de teléfonos públicos.

"Ya rompan filas, cabrones, vamos, adelante, hay que aguantar las vallas de pie", gritaba el mando federal a los recién llegados de otro punto de resguardo, afuera de la Cámara de Diputados.

Todo esto entre los estruendos de los cohetones, que hacían ver la Avenida Eduardo Molina como un campo de guerra.

Las bombas molotov que caían entre el grupo de federales era la ofensiva más letal de los manifestantes.

"Extinguidores, traigan los extinguidores", apuraba un jefe a su tropa, aturdida, desconcertada y fatigada. Pero ya no había extinguidores ni agua para los afectados en los ojos por el gas químico.

Una ambulancia de la Policía Federal llevó primero a siete elementos cegados por el gas a una clínica cercana. Luego regresó para trasladar a un oficial quemado en las piernas, tras el estallido de un petardo. Otra camioneta de la corporación aceleraba para traer agua y más extinguidores.

Era el momento del descontrol. Todo esto bajo un aguacero de rocas.


Un General del Estado Mayor Presidencial (EMP) asumió el mando para contener a los manifestantes agresores, que fueron identificados como integrantes del movimiento #YoSoy132, además de pobladores de Atenco, anarquistas y porros.

De un sonido se escuchaba a un profesor de la Sección 22 de Oaxaca llamando a la calma. "No provoquen, se les conmina a que vengan a este equipo de sonido", se oía entre el fragor de la batalla.

La respuesta eran más rocazos que se estrellaban en los escudos de los federales.

"Aguanten, ya aventaron la piedra y qué pasó, nada, hay que aguantar", animaba uno de los mandos, colorado por los gritos.

El General al mando recibía comunicaciones.

"Está cabrón, de este lado está cabrón. Necesitamos refuerzos y más gas lacrimógeno", decía por su radio el mando, también lloroso por el tóxico.

Ninguno de los federales que estuvieron de cara a los bombazos, portó máscara antigases, lo que hizo más blando el cerco.

De acuerdo con las autoridades locales, unos 2 mil 500 manifestantes participación en la concentración contra Peña Nieto. Pero la Policía Federal sólo detuvo a tres sujetos, presuntos agresores.

Se trata de Guillermo Cornejo Rojas, de 20 años, y quien dijo provenir de la Colonia Santo Domingo de Coyoacán; Guillermo Arellano, de 62 años, procedente de la Colonia CTM Culhuacán, además de Juan Carlos Sosa Guerrero, de 42 años y quien dijo ser oriundo de Puebla y dedicarse a las artes plásticas.

De lado federal, veinte agentes fueron llevados al hospital. De ellos 16 fueron ingresados por intoxicación de gas lacrimógeno, dos por quemaduras de tercer grado, uno por fractura de brazo y otro por piedrazo.

Pese a ese saldo, los mandos levantaron el brazo.

"¿Cuál era la orden? Que no pasaran, y no pasaron", presumió uno de los mandos a sus agentes, menguados.

 
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