Confía en la anestesia

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Blue tone close-up of a syringe on a stainless steel tray

— Así como hay personas que no experimentan angustia alguna al estar acostadas sobre la plancha del quirófano y ver cómo les aplican la anestesia, existen quienes se resisten a abrir la boca para que el cirujano dentista les unte el gel anestésico para extraerles una muela.

Cada paciente, un caso. Esta es la premisa que todo paciente y su familia debe tener presente cuando por su cabeza rondan ideas fatales sobre la aplicación de anestesia ante cualquier procedimiento quirúrgico, coinciden José Antonio Castelazo Arredondo, presidente del Colegio Mexicano de Anestesiología, y Carlos Vargas Trujillo, anestesiólogo del Instituto Nacional de Cardiología.

De hecho, el riesgo de morir debido a la aplicación de la anestesia es el mismo que se tiene al abordar un avión, asegura Castelazo Arredondo, también jefe de Anestesiología en el Hospital Juárez de México.

En principio, los planes de anestesia para procedimientos quirúrgicos mayores (cirugía de corazón, de columna, de rodilla, entre otras) se realizan en función del objetivo médico y de las condiciones generales de la salud del paciente.

Y todo plan debe ser comentado con los pacientes o sus familiares, para que conozcan lo que puede suceder después de la intervención y no hagan conjeturas erróneas porque, a veces, todos los síntomas post-operatorios se adjudican a la anestesia y no siempre es así, asegura Vargas Trujillo.

Cada vez mejor

La anestesiología es una de las especialidades médicas que están en continuo desarrollo, considera Castelazo Arredondo, de ahí que las técnicas y los fármacos empleados permitan mejores respuestas al dolor con menos efectos adversos. El diseño de otros fármacos, como los relajantes musculares, también ha contribuido a hacer los procedimientos anestésicos más seguros.

“Antes de los relajantes musculares debíamos recurrir a más anestesia para mantener relajado al paciente y en las condiciones para que pudiera ser intervenido, y con su aparición, se eliminó el uso de la anestesia para ese fin”, ejemplifica.

Los ansiolíticos son otros grandes aliados para los anestesiólogos, agrega Vargas Trujillo; si el paciente se muestra demasiado ansioso antes de la intervención, es posible administrarle estos fármacos para tranquilizarlo un poco y así evitar la anestesia general, que suele tener efectos secundarios más incómodos.

La frase “se les pasó la anestesia” debería estar en desuso, comenta. Nada se aplica “a ojo de buen cubero”, la cantidad a utilizar se calcula en función del peso corporal y la edad del paciente, entre otros factores.

“Con la edad, el volumen sanguíneo circulante disminuye, por lo que la respuesta a los fármacos es diferente. Si hay dos pacientes de 130 libras, pero uno tiene 70 años y otro 25, se tienen que ajustar las dosis porque el anciano tiene menos sangre circulante y el fármaco se concentra más fácilmente que en el joven”, explica Vargas Trujillo.

“En la actualidad es posible afirmar que los procedimientos anestésicos son más seguros y menos desagradables que hace unos 50 años, sin embargo no debemos olvidar un factor importante en la génesis de los accidentes anestésicos: el error humano”, refiere Fernando Alfaro-Victoria, anestesiólogo del Hospital ABC en el artículo “Actitud del Grupo Quirúrgico en Caso de Muerte en Quirófano”, publicado en la Revista Mexicana de Anestesiología.

Por esa razón, la comunicación entre el paciente, el cirujano y el anestesiólogo es fundamental. Además de que todos deben estar en el mismo entendido sobre qué esperar de la cirugía y de acuerdo con el procedimiento anestésico a seguir. Esto ayuda a tener pacientes menos estresados y confiados en que los profesionales de la salud harán lo mejor.

 
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